Créditos: Texto/Foto: El Universal

“Tú sin mí eres como una champeta sin espeluque”, así dice El Chicle, de Koffee el kafetero, pero sería bueno que todos nos preguntáramos, ¿qué sería de la champeta sin el picó? Las máquinas de sonido que siguen generando todo tipo de discusiones en la ciudad y que han sobrevivido a través del tiempo gracias al sueño de todos esos jóvenes que se desviven por dar a conocer su talento, y que no tienen los medios porque en este género, si no hay dinero para las universidades, mucho menos hay para invertir en la carrera de un artista.

Cuando en los años 50, la era tecnológica se tomó a Colombia, aquellos amantes de la música que no contaban con los recursos para comprar grandes sistemas de sonido, empezaron a armar los propios, lo que en Cartagena fue bautizado como picó, nombre se le otorga por la ‘aguja pick’, la única resistente al acetato. Pero es a mediados de los 80 cuando estas máquinas empiezan a regarse como espuma, precisamente es allí donde El Ciclón, El Conde, El Guajiro, El Huracán, El Parrandero, El Sabor y otros sistemas de sonido comienzan, sin saberlo, con toda esta cultura que aglomera a miles de personas de todas las partes de la ciudad.
Los picós de aquellos días comenzaron como un híbrido, la salsa, el regué, el jíbaro, la música de las Antillas, eran en un principio el repertorio que se escuchaba en estas máquinas, todo esto hasta que los viajeros le apostaron a la champeta africana que con los años originó la sonada y pegajosa champeta criolla, que nació en el Rey de Rocha y que se quedó en el corazón de los cartageneros por tener un ‘espeluque’ más largo, esta misma le abrió las puertas a reconocidos artistas que en su momento encontraron en estos sistemas de sonido, la plataforma perfecta para que su talento fuera escuchado por primera vez ante un público masivo.

 

 

“NO EXISTE NADA IGUAL EN LA CIUDAD QUE MUEVA MASAS COMO LO HACEN LOS PICÓS, LOS SISTEMAS DE SONIDOS QUE SIGUEN PONIENDO A BAILAR A LOS CARTAGENEROS”

Buscando otras opciones distintas a ‘caer en los malos pasos’, de estar robando y haciendo maldades en la calle, un número considerable de jóvenes, que nace y se cría en sectores populares y de bajos recursos, empieza a ver como única alternativa de progreso la idea de cantar y es cuando sonar en el picó se convierte en el sueño más próximo. “Muchos los llamamos ‘emisoras ambulantes’ porque la mayoría pasamos por un picó para lanzarnos como artistas”, dice Elio Boom.

Por lo general son los talentos emergentes los que buscan por todos los medios ser escuchados por los dueños de los picós, quienes por medio de castings improvisados deciden ‘si van’ o no. Tener talento no es suficiente, también es necesario el sabor y por supuesto saber manejar a este público porque de ellos depende que el producto trascienda hasta esa otra Cartagena, que también ama la champeta pero que por algunos estereotipos a los que ha estado vinculado el picó, han decidido hacerse a un lado. El domingo ha sido declarado extraoficialmente el día donde más se goza en los picós, aquellos seguidores del pegajoso género que desean escuchar la ‘exclusividad’ que ofrecen las máquinas, se mueven por toda la ciudad y por pueblos cercanos para darle el visto bueno a las canciones que suenan mucho tiempo después en las emisoras. Indirectamente los picós hacen un trabajo de promoción por varios meses del tema de estos artistas.

Los picós siguen teniendo un gran poder de convocatoria en la ciudad, el ambiente y por supuesto los seguidores tienen en común una misma petición y es lograr más espacios para presentarse, lugares donde no se sienta que se vive en una constante persecución. La champeta es lucha, es por esto que también existen artistas como Bazurto All Stars, que acaban con el imaginario colectivo de que ‘si no suenas en un picó, no estás pegado’. Las máquinas picoteras y toda la cultura que hay alrededor de ellas tendrán vida por muchos más años mientras existan familias que directa e indirectamente vivan de él, y por supuesto jóvenes promesas de la música que le sigan apostando a estas ‘emisoras ambulantes’ y que vean en ellas el pasaje que los lleve de viaje a cumplir su sueño de ser reconocidos y poder darle un giro completo a sus duras realidades.

 

 

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