Un ‘pedazo de tela’ que enriquece la autoestima de las cartageneras

Créditos: Laura Romero/ El Universal   –  Foto: El Universal

El turbante es una tradición que heredamos los pueblos americanos de nuestra madre África, es un legado entregado por los negros esclavizados traídos a un territorio históricamente sometido, que vivió una interminable lucha por liberarse.

Las envolturas para la cabeza, en África eran muestra de estatus social o nivel espiritual tanto para hombres como mujeres, ese saber ancestral que aún se mantiene como por ejemplo en el pueblo Yoruba de Nigeria, “(…) en el África occidental, las coberturas para la cabeza se conocen como “gele” en Yoruba o “ichafu” en Ibo”, como lo afirma Helen Bradley Griebel, en su libro African American History.

Los turbantes pasaron de ser una tarde de aburrimiento y a la vez de juego con unos trapos viejos, a convertirse en una parte determinante de nuestra identidad, primero como mujer y también como mujer de raíces afro.

Este elemento, surge en un momento de mi vida, en el que necesitaba reencontrarme conmigo misma, con mis raíces africanas, el valor que tengo como mujer y además entender y conocer de cerca la lucha feminista, quería vivirla a mi manera y transmitirla a otras personas.

Puede parecer un poco absurdo que un simple pañuelo o trapo fuera la herramienta que me diera esa fuerza que estaba buscando, pero justo allí está la respuesta, porque los seres humanos estamos cargados de símbolos y representaciones, elementos que perduran para mantener un legado, para hacernos recordar algún hecho anterior que ha marcado nuestro presente.

“LOS TURBANTES NO CUBREN LA CABEZA PARA OCULTAR EL CABELLO SUCIO O DESPEINADO COMO YO LO CREÍA EN UN PRINCIPIO…”

Los turbantes no cubren la cabeza para ocultar el cabello sucio o despeinado como yo lo creía en un principio, aunque debo confesar que en ciertas ocasiones sí lo ocultaba por motivos estéticos, porque en ese momento no amaba como ahora mi cabello afro (uso los turbantes desde hace más de un año). En ese camino descubrí que las mujeres negras esclavas, durante la colonización, utilizaban este tipo de envolturas para ocultar sus trenzados que se convertían en su camino a la salvación o para guardar oro que les sirviera para comprar su libertad y la de sus familias.

Varios meses después de aprender formas de anudar un pañuelo en la cabeza, de escoger las telas de fibras adecuadas y texturas más llamativas, entendí que el turbante constituye un accesorio o una pieza ancestral dentro de la construcción como individuo, que en mi caso me dio la oportunidad de oponerme a la estética canónica normalmente construida respecto a lo que se considera una mujer bella.

Pude adaptar lo tradicional a lo que han traído consigo la modernidad y la globalización, como lo es volver tendencia desde Rosa Caribe una herencia de cientos de años, combinándolo con la moda, dándole a mi exterior un estilo propio y lo más importante, lograr que otras mujeres se acepten tal cual como son y que se sientan hermosas siendo ellas mismas. De esta idea colectiva, de la que muchas veces creo que solo soy la cara, puedo destacar que un pedazo de tela ha enriquecido mi autoestima, me ha dado empoderamiento y al mismo tiempo autorreconocimiento como mujer afro, pero sobre todo como Caribe que soy.

Eligiendo una experiencia…

Decidirme por una mujer en específico que muestre el impacto que haya causado en su vida los turbantes sería una tarea complicada de cumplir, porque cada espacio o cada taller es significativo e importante, con miles de historias.

Edith Watts, por ejemplo, ha sido uno de los pilares más importantes en la construcción de eso que vemos en redes sociales, de todo ese movimiento de turbantes y afro, su experiencia con comunidades y su sensibilidad hacia sus problemáticas es invaluable.

Es una mujer que vivió su proceso de transición del cabello alisado a cabello afro natural, vi su fuerza de voluntad y también sus momentos de flaqueza, lo que me permitió entender que el empoderamiento como mujer sale de ti misma, que la lucha reivindicativa de la herencia africana va más allá de la melanina y principalmente, que el turbante es un elemento primordial de protección y autoestima en esta estruendosa decisión de vida.